Esta es la historia de una chica romántica, que en una noche de invierno, conoció al que podía llegar a ser su alma gemela. Se conocen en una disco, se miran, se coquetean, se buscan. Él se acerca, se presenta. Hablan de la vida, del trabajo, hasta incluso de la familia. Él es un hombre ideal: soltero, sin hijos, un muy buen trabajo, le gustan los perros y la vida familiar ¡Incluso quiere dejar la noche! ¡Quiere ponerse en serio con alguien! La conversación continua, hasta que los cuerpos comienzan a hablar, aparecen los besos. Él es un gran besador. Todo va tan bien que se intercambian teléfonos y ella se va a su casa con la promesa él de volver a hablar y verse de nuevo. Ella, ilusionada, esa noche, le costó dormir.
Domingo. Suena en teléfono. ¡Era él! quedan en volver a hablar el martes para verse el miércoles. Lunes, trabajo. Ella les cuenta a todas sus compañeras de este nuevo chico, lo llama por su nombre, quiere que todo el mundo se entere de él. Mientras trabaja piensa en él, que le va a decir, que se va a poner. Ella esta muy feliz que la vida le haya traído a su amor, a su verdadero amor. Martes, casa de ella. Él la llama por teléfono, hablan por dos horas. Concretan la cita para el miércoles, ¡todo esta de diez!
Miércoles, cuarenta minutos para la cita. Él la llama a ella: “Bonita, te paso a buscar tipo nueve, lo que si, venite comida, ¿dale?” dice, “discúlpame, - dice ella – ¿venite comida dijiste?” a lo que él responde “eh si, comida, cená, por tu cuenta. No da gastar en una cena ¿no?”
Ella cortó el teléfono y lo tiro. Bien lejos.
Pero peor otro que me enteré: estando en el taxi él dice a su chica, segunda salida “¿pagas el taxi que no me alcanza para el telo?” (Hotel alejamiento) Así que lectora, por lo visto siempre pasaremos por un grasa-rata-ratonzazo. Es como un tipo de hombre inevitable. Y vos, ¿ya te paso?

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