La Dra. Clarissa Pinkola Estés, escribió Mujeres que corren con los lobos. Es un libro donde habla de las mujeres y las compara con las lobas, haciendo un análisis profundo y dejando en claro que la mujer salvaje es una especie en extinción. ¿A que se refiere diciendo mujer salvaje? Es aquella que no reprime su instinto. El libro se divide en varias historias que tienen “moraleja” donde la doctora hace su desglose de las mismas. La gran mayoría de estos cuentos hacen referencia a la intuición femenina, de cómo con el tiempo la mujer fue suprimiendo este sexto sentido, hasta dejar de sentirlo, escucharlo o hacerle caso.
En la secretaría de la facu trabaja una chica. Es administrativa, ella siempre me llamó la atención, no podía explicar porque pero era como que resaltaba entre las demás personas.
En mi mente, no se porque, a esta chica la asociaba con él. No me hice caso y dejé a mi instinto encerrado, le tape la boca, no lo quise escuchar.
Hacía rato que no hablábamos. Después de un tiempo, casi dos o tres meses, me animé a acercarme y entablar una charla sobre nosotros.
Mi idea era hacerle saber de que estaba todo bien, de que el me seguía gustando pero no como un novio, sino como un amante. Él estaba incomodo. Me esquivaba y se ponía tenso cuando me acercaba para hablarle. Una vez más no hice caso a mi instinto femenino, el cual me decía que él ya no quería saber nada.
Al siguiente día le tocaba darme clase, estuvo bien, como si nada sin miradas cruzadas. Yo con la certeza de que esa materia ya la tengo aprobada, escuchaba lo que él decía, mientras pensaba en otras cosas. Esa noche, después de la cursada salía con una amiga. Teníamos a una fiesta, la cual antes de que empiece fue cancelada.
De todos modos decidimos ir a tomar algo. Mientras esperaba en la puerta de la facu, lo veo salir, intenté seguirlo con la mirada pero desapareció con mucha rapidez.
Al rato llega mi amiga, hablando de cosas y poniéndonos al día caminamos hasta la parada.
Sobre avenida Córdoba, esperando el 140, lo veo pero no estaba solo.
Estaba con la chica de secretaría. Yo no lo podía creer, no quería que me viera. Sentí vergüenza ajena. Hablando con Cris y pidiendo que venga el colectivo pronto, me junte más a la gente de la fila. Ellos dos que estaban más adelante de nosotras pararon el colectivo, el que yo me tenía que tomar.
Pensé: espero el otro. De ninguna manera yo no tengo porque esconderme de nada.
Y así fue. Los cuatro nos subimos al mismo bondi. Ellos se quedaron adelante y nosotras nos fuimos para la parte de atrás. Cris estaba sentada y me relataba todo lo que hacían, me sentía como una adolescente que esta espiando a un chico que le gusta y que encima tiene novia. El tráfico era insoportable, no llegábamos más.
-Bajemos antes Cris, no aguanto más esta situación incómoda- Le digo a mi amiga.
Nos bajamos del colectivo una parada antes de la que nos tocaba. Caminamos por Córdoba hasta serrano, donde era la próxima parada y donde era el bar al que queríamos ir. ¡¿Pueden creerlo?! Ellos se bajaron ahí.
Los vi. Bah a él lo vi. Vi como la abrazó. Me metí rápido en el bar para no ver más.
Después de unas copas, me relajé y la pasé muy bien con mi amiga.
Yo no seré doctora, pero les digo Chicas: tenemos que escuchar a nuestra mujer salvaje o a nuestro instinto, intuición o como quieran llamarlo. Ella no nos miente.

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